martes, 25 de septiembre de 2012

ERES BAMBÚ NO PIENSES COMO HELECHO


Un pequeño bambú, resignado de la vida, hablaba con otro viejo Bambú. A este, todos lo conocían como Bambú Anciano. "Señor, he decidido rendirme. Abandono todo sueño de llegar a ser tan alto como ustedes. Ya no quiero esperar más." Al escuchar las palabras de tan imberbe criatura, aquel anciano le preguntó: "Hijo, ¿por qué te rindes tan temprano? -- ¿Me proveería usted de una buena causa por la cual seguir viviendo?", dijo el pequeño bambú. "Llevo dos años esperando alcanzar mi altura y no ha ocurrido nada. Desde que nací como un brote, me sembraron. Creí que en pocos meses alcanzaría mi altura inicial y que podría seguir creciendo tan alto como pudiera. Pero eso no ha ocurrido. Solo he sentido frecuentemente un cosquilleo molestoso bajo mis píes. Es como si me salieran vellos muy gruesos en ellos y estos buscarán extenderse hacia las profundidades de mi base. En fin, hacia arriba no ocurre nada. No se si es que la brújula de mi crecimiento se dañó y en vez de crecer hacia arriba, crezco hacia abajo. Ya no importa. Estoy frustrado y no quiero continuar con esto." Al ver cuán desilusionado se encontraba el jovencito, Bambú Anciano, intento ayudarlo a recuperar la confianza para continuar su camino de crecimiento. "Hijo" -- le dijo -- "Quiero contarte una historia que de seguro te ayudará. Escúchame con detenimiento. Bueno" dijo el muchacho, "supongo que no perderé nada escuchándolo."
Como si fuera un narrador de cuentos, el anciano inició su relato. "Hace mucho tiempo, nació un Bambú en nuestra comunidad. Sus padres se sintieron tan orgullosos de haberlo traído al mundo. Inmediatamente le prodigaron los mejores cuidados y lo acurrucaron en su seno. Todo iba bien hasta que aquel tierno bambusito, comenzó a tener conciencia de lo que le rodeaba. Al lado de su casa vivía una familia sencilla, pero muy simpática y llena de frescura. Todos la conocían como los Helechos. Uno de sus hijos, Helecho Verde, nació el mismo día que Bambú Tierno. Así llamaron sus padres a aquellos hermosos pequeños. La vida transcurrió en aquella hermosa selva, pero algo iba a cambiar drasticamente el rumbo de los acontecimientos." El rostro de aquel mancebo revelaba gran interés. Sus ojos verdosos, se hallaban fijos en aquel sabio anciano. "¿Qué ocurrió, buen sabio? ¿Qué fue lo que paso?" Bambú Anciano, prosiguió. "Helecho Nuevo, comenzó a crecer. Su verde cuerpo, comenzó a extenderse. Los vecinos de aquella sencilla familia, escuchaban los comentarios de sus orgullosos padres. Contaban acerca de sus vivencias con aquel pequeñuelo. Cómo desenrollaba sus hojas, cómo procesaba el agua en fin, las peripecias propias de todo progenitor cuando cría a sus hijos. Pero en la casa de los Bambú, todo era distinto. Los padres seguían cuidando a su bebe. Pero este no crecía, ni siquiera en proporción media al pequeño helecho. Aquellos bambú progenitores, sabían que la crianza de su hijo requería paciencia. Así que guardaban su euforia para el momento oportuno. Pero Bambú Tierno, no pensaba igual que ellos. "Hoy ha pasado otro día. Mi amigo sigue creciendo. Pero yo no crezco ni un milímetro. Que pasa no puedo soportar esto. ¡Que rabia!" Así fue el resentimiento anidándose en su corazón. Poco a poco se fue alejando de su vecino, de quien llego a sentir envidia. Regularmente, Bambú Tierno, comenzó a quejarse de sus padres. "Ustedes no me quieren. No me están cuidando bien. Seguro que los padres de Helecho Verde, le están dando mejores cosas que las que ustedes me dan a mí. No los quiero. Ustedes no tienen capacidad para cuidarme. Porque tuve que nacer aquí. Hubiese querido nacer en casa de los Helecho." Con estas palabras, quebrantaba sus corazones. Un día, su padre se le acerco para intentar un cambio en su parecer. "Hijo -- dijo aquel  adolorido padre --. Se que te sientes mal por no crecer como tu amigo Helecho Verde. Pero quiero que sepas, que tu eres diferente. Tu crecimiento tarda más en aparecer, porque necesitas primero prepararte para recibirlo. Pero te aseguro, que cuando llegue ese día, todo cambiará y lo que hoy ves tan lejano, te dará una gran satisfacción. Cuando tu mamá y yo te sembramos, lo hicimos con mucho amor. Te deseamos, sabes. No fuiste un accidente. Te colocamos en una tierra ajustada a tus necesidades, donde pudieras recibir la luz adecuada, el agua en su justa medida. Es lo mismo que los padres de Helecho Verde, hicieron. Pero nuestros caminos de crecimiento son distintos. Mi lección para ti es que debes tener paciencia. Con ella, alcanzarás a ver lo que un día el creador te dará como su mejor regalo: Tu crecimiento." Bambú tierno, dio un gran suspiro, encogió los hombros, abrazo a su padre y camino hacia su cuarto en silencio, meditando en aquello que había oído. Aquel buen hombre, solo le miró con sus ojos esperanzados. Creía que sus palabras finalmente ayudarían a su hijo.
Los días transcurrieron después de aquella conversación. Se cumplió un año y entraron en el segundo. Helecho Nuevo ya había incluso cambiado sus secas hojas por otras. Pero Bambú Tierno, solo veía como en la planta de su pie, seguían saliendo raíces que se enterraban. En la superficie no estaba pasando nada. Sus padres, cariñosamente, con mucho cuidado y dedicación, seguían proveyendole cuidado. Llego el final del segundo año. Sus padres organizaron una fiesta de despedida del año. Fue muy agradable. "Quiero decirle a todos, -- dijo esta vez su madre -- cuan felices somos desde que brotó nuestro hijo. Él ha cambiado para bien nuestras vidas. Lo amamos con todo nuestro corazón y esperamos el día de su tan anhelado crecimiento." Esto hizo que Bambú Tierno alegrará su semblante y mirará el futuro con mayor esperanza. Se iniciaba el tercer año y quizás en este, si podría disfrutar su tan anhelado regalo.
A mediados del tercer año, Helecho Verde, había crecido más brillante y abundante. Inclusive, a estas alturas, ya tenía su propia familia. ¡Sí! Había procreado otros pequeños helechos. Pero Bambú Tierno, seguía igual. No crecía en lo absoluto. Pero él estaba lleno de esperanza. Con el animo que le daban sus padres y la confianza en su creador, aquel joven comenzó a crecer donde más le era necesario, en su fe. Las raíces seguían extendiéndose. Poco a poco iba sintiendo una fuerza interna. Algo estaba cambiando que aunque ni él ni los otros podían ver, si podía sentirlo. No sabia explicarlo pero, se sentía más maduro, capaz de soportar el peso de su crecimiento, de extenderse hacia nuevas alturas desafiando a la gravedad, los vientos y la lluvia. Así paso el cuarto año y nada. Pero cuando llego al quinto, sucedió un hecho que transformaría las cosas para siempre.
Poco después de haber iniciado el quinto año, se observó que en Bambú Tierno, había salido un pequeño brote hacia la superficie. Comparado con la altura y desarrollo de Helecho Verde, se veía diminuto y muy poco atractivo como para considerarlo significativo. Pero al cabo de seis meses, Bambú Tierno había llegado a la altura de treinta metros. ¡Que alegría! El momento había llegado. El regalo de Dios se había destapado. Allí estaba Bambú, todavía tierno pero vigoroso y creciendo. La familia, organizó una fiesta para celebrar tan notable acontecimiento. Vinieron invitados de todos los lugares, inclusive allí estuvieron los Helechos, con su hijo Helecho Verde, quien ya tenía su propia familia. En un punto de la reunión, Bambú Tierno tomo la palabra y dijo: "Estoy muy agradecido de mis padres por este momento. Sin su ayuda, nunca hubiera llegado hasta aquí. Debo reconocer que en mis primeros años fui muy impaciente. Quise obtener resultados rápidos. Quería alcanzar la madurez instantáneamente. Me quejaba de que no crecía como mi amigo. Hasta sentí envidia de su crecimiento y me aleje de él. Es el momento de pedirte perdón, mi buen amigo." Helecho se acerco a su amigo, le prodigo un fuerte abrazo y le dijo: "Yo te perdono, amigo. Ahora las cosas serán mejor que antes." Después de aquel abrazo, Bambú Tierno, quiso dirigirse a los más jóvenes, presentes en su fiesta. "Amigos míos, quiero darles un consejo. No renuncien tan rápido al camino de su crecimiento. No se comparen con nadie. Ustedes son diferentes, pero igual de útiles para el desarrollo sustentable de esta comunidad. Yo pase gran parte de mi camino frustrado. No me daba cuenta que si estaba creciendo, pero no hacia donde yo quería sino hacia donde lo necesitaba: Hacia abajo. Me pase cinco años echando raíces, creciendo hacia abajo. Porque si no crecía hacia abajo, no hubiera podido crecer hacia arriba ni un milímetro. Las raíces que yo menospreciaba mientras crecían, me hacían cada vez más fuerte. Ellas me dieron lo que yo más requería para mi futuro crecimiento.
Por eso, quiero que tengan fe en lo que Dios ha preparado para ustedes. Nunca se rindan. Aunque vean que nada sale a la superficie, continúen creyendo. Tengan paciencia. Recuerden, sí están creciendo, pero hacia abajo. Cada centímetro que crezcan hacia abajo, profetizará el centímetro que crecerán hacia arriba. Su principal lucha será contra la impaciencia. Esperen, esperen y verán, al igual que yo, el regalo del crecimiento. En él, saborearán las alturas. Sentirán la libertad de surcar el espacio y romper el viento. Después de haberla mirado desde abajo, aprenderán a mirar la vida desde la cima. Aprenderán, entonces, el valor de la humildad y no se les subirá el crecimiento a la cabeza. Sigan el camino de la paciencia y lo lograrán. Gracias por venir." Con estas ultimas palabras, Bambú Anciano, terminó de relatar la historia a aquel pequeño bambú."¿Aprendiste la lección?" Le pregunto. "Si, Señor. He aprendido la lección. A partir de ahora, ya no me quejaré más y viviré con paciencia estos cinco años de crecimiento interno, para llegar a ver mi crecimiento externo. Gracias, por su sabias palabras. Como me han ayudado... Señor, me gustaría saber si Bambú Tierno, todavía vive. Me gustaría conocerlo." Sorprendido por aquella petición, Bambú anciano se vio en la necesidad de revelar aquel secreto. "Eres muy curioso, muchacho. Pero esta bien. Aquel Bambú Anciano, soy yo. Te he contado la experiencia que salvo mi vida." Queriendo afianzar la lección dada, Bambú Anciano le dijo: "Hay algo más que quiero decirte. Hacen miles de años, vino a esta tierra un ser que se convirtió en ejemplo de paciencia. Siendo el Hijo de Dios, tuvo que tomar nuestra forma de vida. Se hizo como nosotros y paso por un largo proceso de crecimiento, mucho más largo que el nuestro. Él esperó  treinta años en el anonimato, para desarrollar un corto ministerio de solo tres años. Eso si que es paciencia y tener conciencia clara de nuestro propósito. Él hizo todo eso para salvarnos y hoy nos llama a recibirlo como nuestro Señor. Recibelo, jovencito, y el te acompañará el resto de tu camino. No te desilusionarás." Reflexivo, aquel pequeño respondió: "No puedo rechazar ese llamado. Aun me espera un largo camino y deseo andarlo de la mano con él. Si, Señor, yo lo recibo. Su amor me ha ayudado a entender que si soy bambú no debo pensar ya más como helecho."

lunes, 10 de septiembre de 2012

NO QUIERO TEMER, QUIERO VIVIR

No quiero temer toda mi vida.
No quiero llegar a  mi vejez o a mi muerte,
lleno de miedos, con sus resultados frustrantes.
Quiero vivir, ser valiente;
quiero enfrentar y ganar.
No quiero evadir, quiero enfrentar.
No quiero temer, quiero ganar;
porque aun fracasando se gana,
venciendo el temer, con el querer ganar.
Enfrentando el temor, siempre se gana,
pues, aunque no se obtenga nada más,
se habrá obtenido el sabor de la victoria
contra el temor de ir en pos de lo propio.
Quiero sentir el placer
de izar las velas de mi esperanza,
sobre el mástil de mi vocación;
mover el timón de mi voluntad,
para buscar mi propio puerto
bajo las ordenes del Capitán celestial,
cargados de amor y servicio,
suficientes provisiones
para hacer de nuestro viaje temerario,
una gran aventura de amor,
plena de satisfacciones.

jueves, 6 de septiembre de 2012

ATRAPADOS POR NUESTRAS INSATISFACCIONES

El legado naturalmente nos conecta con necesidades y problemas. La dimensión aptitudinal de nuestro legado implica competencias diseñadas para operar en situaciones problemáticas. Sobre estas, nuestras competencias pueden intervenir para transformarlas en situaciones satisfactorias. La época que nos ha tocado vivir, con sus adelantos y modernidades, también contiene infinidades de problemas. Así que, en la cotidianidad de nuestras vidas, nos vemos inundados con las sirenas de cada uno de estos. Miles tocan nuestra puerta, como mendigos pidiendo ser atendidos. Sus llamados nos llegan por diferentes medios: La prensa, televisión, radio, internet, celulares, comentarios en fin. Toda una avalancha de información cargada de crisis.

Tanto el contenido como la cantidad, la diversidad y la frecuencia pueden terminar abrumándonos, hasta el punto de llevarnos a un grado de insatisfacción tan profundo que nos desilusiona, amarga, deprime y finalmente nos llena de resignación y resentimiento hacia la vida, la gente y Dios. Resulta paradójico que aquello que precisamente es la razón de nuestra vocación, el motivo de nuestra mayor felicidad, se convierta en el motivo para replegarnos en la negación, la desilusión y el quietismo.

Me imagino a Noé en medio de situaciones insatisfactorias características de esa época perversa. También pienso en Abraham, José, Moisés, David, Elías, Daniel, Juan el bautista, nuestro Señor Jesucristo, el apóstol Pablo, los primeros cristianos. Todos ellos vivieron en medio de situaciones insatisfactorias. Moisés, cansado de la dureza del pueblo que dirigía, golpeo la roca fallando en su función como representante de Dios ante su pueblo. Elías, creyendo que todo había terminado, le dijo a Dios: "han matado a tus profetas y solo yo he quedado". Cuántas veces, el Señor declaro su tristeza por la dureza del corazón de la gente. "Jerusalén, Jerusalén que matas y apedreas a los profetas que te son enviados. Cuántas veces he querido juntaros como la gallina junta a sus polluelos", menciono en una oportunidad. En una de las tantas veces que sirvió a las multitudes, se dice que las vio "desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor". Pablo decía: "Y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?". Las situaciones que hemos sido llamados a transformar pueden convertirse en erosivos de nuestra pasión ministerial. Conozco varios amigos que ayer estuvieron en el ministerio, pero hoy no están debido a esto. ¿Cómo podemos enfrentar este problema?

La solución esta en el principio del Legado. En su etimología más antigua, este término denotaba un pacto entre Dios y sus seres creados. Desde el punto de vista bíblico, Dios creo al ser humano e hizo pacto con él. Le delego responsabilidades dentro de ese pacto. Las mismas estaban relacionadas con el ámbito de ese pacto, es decir la tierra. También, él asumió compromisos incondicionales con respecto al ser humano para apoyarlo en su desempeño. Aquel obraría lo posible y el Señor obraría lo imposible dentro de sus dominios. Este modelo "pactico" se ha mantenido hasta el día de hoy. Así que, en nuestro ministerio sigue habiendo una parte que nos toca a nosotros y otra que le toca a Dios. La nuestra esta hecha a nuestra medida. La de Dios a la medida de él. Por eso, el Señor Jesús dijo: "Lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios". Puedo decir, entonces, que lo que es posible para el hombre no debemos exigírselo a Dios, también puedo decir que lo que es posible solo para Dios, él no se lo exige al hombre.

Si estamos en el punto donde nos sentimos erosionados por la dificultad de nuestra tarea, es el momento para clasificar las operaciones que son necesarias en posibles e imposibles. Examinarnos a la luz de nuestra posición como delegados y entender lo que nos toca a nosotros y lo que le toca a nuestro delegador. El diagnóstico más probable es que nuestra depresión sea el resultado de arrogarnos para nosotros las imposibilidades que le corresponden a Dios. Por eso lo vemos tan difícil. Creemos que no tenemos la capacidad para solucionar con efectividad ese problema y nos sentimos desilusionados, frustrados, tristes y resentidos. Es el momento de detenernos para reevaluar nuestra practica y replegarnos al terreno de lo posible. No comas del fruto del árbol prohibido, que te tienta haciéndote creer que tu puedes ser igual a Dios y por ende, encargarte de lo imposible. Si lo comes, terminarás arruinando tu ministerio y tu futuro.

Es el momento de revisar lo que dijo el Señor Jesucristo: "Llevad mi yugo sobre vosotros, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga", "Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos". Estas declaraciones nos demandan el examinarnos, para ver si en nuestro legado, estamos trabajando "enyugados" o "enramados" con Dios, o estamos queriendo ser Dios. Una especie de cuarta persona divina para cambiar la trinidad en tetranidad. Si estas "enyugado con Cristo, entonces, el ministerio debe ser fácil y ligero. Si estas "enramado" con él, entonces, el ministerio debe estar podado, nutrido y dando mucho fruto.

Cuando comprendemos esta verdad de nuestra vida ministerial, podemos decir como el apóstol Pablo: "¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor?... porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios... téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios." No es cierto. Estábamos equivocados. Lo imposible de mi tarea ministerial no es para mi. Es para Dios. No pensemos de nosotros más de lo que debemos. Volvamos a la cordura. Solo somos colaboradores de Dios. Nos toca la parte fácil y ligera del ministerio. A él le toca la parte difícil y fatigosa.

Volvamos a mirar nuestra tarea. Lo que vemos muy difícil e imposible apartemoslo para Dios.  No tenemos que pedirle que lo haga. Ya lo esta haciendo. Él esta trabajando en eso. Repleguémonos a lo que si es posible para nosotros. No hemos perdido. Solo nos hemos retrasado. Esas familias si pueden restaurarse, las iglesias pueden renovarse, los hijos pueden regenerarse, los líderes pueden desarrollarse, los pecadores pueden salvarse. Somos subordinados, no subordinantes. Somos ciudadanos, no Rey. Somos bueyes, no boyeros. Somos ramas, no tallo. Acepta el yugo, recibe la savia. Relajémonos y disfrutemos de esta nueva jornada con Dios.

TU ERES UN LEGADO


TU ERES UN LEGADO

En la antigüedad, se llamaba legare (legar en español), al acto por el cual se le otorgaba a alguien un cargo o se le encomendaba una misión de acuerdo con un pacto preestablecido o se le confiaba algo. Este verbo a su vez, provenía del término lex que en latín significa ley. Lex, en su origen hacía referencia a un acuerdo entre lo humano y lo divino. Luego vino a indicar algo convenido entre dos personas o grupos de personas. De estas dos palabras se deriva el nombre legatus que castellanizado formó el término legado que todos conocemos. Este término, finalmente vino a indicar a aquella persona que había sido comisionada.

Legado entonces, significa algo más que simplemente una herencia, como suele usársele. Fundamentalmente, puede decirse que cuando hablamos de LEGADO, estamos refiriéndonos tanto a la comisión como al comisionado. Esto contiene la idea de delegación de responsabilidad, otorgamiento de autoridad, asignación de una misión, compromiso en un pacto principalmente entre Dios y el ser humano. Aunque este término no se encuentra en la biblia, su contenido si. Lo vemos desde el principio de la creación, cuando Dios, después de crear el ecosistema, creó al ser humano a su imagen y semejanza, varón y hembra los creó. El creador delegó responsabilidades a Adán y Eva, al responsabilizarles de la administración del mundo terrenal; Les otorgó autoridad permitiéndoles que sometieran la creación; les asigno la misión de poblar la tierra; y les comprometió con el primer pacto, el pacto adámico, donde Él se compromete a darles todo lo que necesitan para desarrollar su vida y a su vez compromete a los seres humanos a vivir de acuerdo a sus términos. Esta pareja bíblica represento a los seres humanos delante de Dios en aquel momento. Desde entonces, el cielo nos ve como sus legados sobre la tierra. No podemos evadirlo, solo cumplirlo. Dios nos eligió para que le fuéramos colaboradores en el desarrollo de sus planes benefactores para la humanidad. Es un gran privilegio y una gran responsabilidad.

Ahora que saben el significado de este término, es oportuno decirles que estas han sido las razones para crear LEGADO ETERNO como un ministerio de desarrollo personal misionario. Hoy ratifico mi compromiso con el pacto del que Dios me ha hecho parte. Me comprometo a cumplir mi parte, consumiendo mi vida en el desarrollo personal misionario de la gente. Hoy le ratifico mi si al Señor. Heme aquí, Señor, para colaborar contigo en tu misión de legar a la gente propósitos y misión para sus vidas. Col 1:28,29.

Ahora que entendemos el significado, puedo decir que nos hemos llamado LEGADO ETERNO porque…
  1. He hecho un pacto con Dios de comprometer nuestras vidas en el desarrollo de sus legados.
  2. Dios quiere hacer su obra en el mundo por medio de sus legados.
  3. El mundo necesita de legados trabajando en su misión.
  4. Los legados de Dios necesitan adquirir conciencia del legado que Dios les ha dado.
  5. Los legados de Dios tienen capacidades que necesitan desarrollar para ser efectivos en su misión.
  6. Hay que sacar a miles de legados del anonimato y la omisión.
Por todas estas razones, decimos que LEGADO ETERNO es un ministerio para…
  • Reconciliar a la gente con el legador: Dios, de modo que vivan para su gloria.
  • Conectar a la gente con su misión en esta tierra.
  • Alfabetizar y humildificar el ego de la gente.
  • Ayudar a la gente a exteriorizar sus sueños y transformarlos en un plan realizable.
  • Comprometer a la gente con el servicio a su prójimo tanto en lo colectivo como en lo individual.
  • Levantar un ejercito de legados con la visión de comprometer a sus semejantes con la filosofía del legado.
  • Asistir a las personas en el despliegue de sus servicios a la humanidad.
  • Prepararse para rendir cuentas con Dios en la eternidad.
  • Cumplir nuestro propio LEGADO.
Estimados, tu eres un legado. No puedes evadirlo. Estas hecho para cumplir una misión en esta tierra. Tu gestación y nacimiento fue el medio por el cual se activo tan grande honor. Es mi intención servirte de mentor y aliado en el proceso de descubrir ese legado, excavar y extraer todas tus capacidades para realizarlo y desarrollar eficiencia, efectividad y eficacia en tu desempeño. Para pretendo unir mis capacidades a las tuyas para mentorarte en la realización de acciones que glorifiquen a Dios, satisfagan tu vida y beneficien a muchos. Te invito, pues, a anotarte en esta carrera de notoriedad. Aunque andando te estaré esperando. Si te decides aquí estaré para atenderte. Será un privilegio marchar con ustedes al lado. Dios les bendiga.

PALABRAS PARA LOS JÓVENES DE MI NACIÓN EN SU DÍA Ayer fue el día de la juventud más triste que jamás hayamos celebrado en nuestra nación. ...