jueves, 6 de septiembre de 2012

ATRAPADOS POR NUESTRAS INSATISFACCIONES

El legado naturalmente nos conecta con necesidades y problemas. La dimensión aptitudinal de nuestro legado implica competencias diseñadas para operar en situaciones problemáticas. Sobre estas, nuestras competencias pueden intervenir para transformarlas en situaciones satisfactorias. La época que nos ha tocado vivir, con sus adelantos y modernidades, también contiene infinidades de problemas. Así que, en la cotidianidad de nuestras vidas, nos vemos inundados con las sirenas de cada uno de estos. Miles tocan nuestra puerta, como mendigos pidiendo ser atendidos. Sus llamados nos llegan por diferentes medios: La prensa, televisión, radio, internet, celulares, comentarios en fin. Toda una avalancha de información cargada de crisis.

Tanto el contenido como la cantidad, la diversidad y la frecuencia pueden terminar abrumándonos, hasta el punto de llevarnos a un grado de insatisfacción tan profundo que nos desilusiona, amarga, deprime y finalmente nos llena de resignación y resentimiento hacia la vida, la gente y Dios. Resulta paradójico que aquello que precisamente es la razón de nuestra vocación, el motivo de nuestra mayor felicidad, se convierta en el motivo para replegarnos en la negación, la desilusión y el quietismo.

Me imagino a Noé en medio de situaciones insatisfactorias características de esa época perversa. También pienso en Abraham, José, Moisés, David, Elías, Daniel, Juan el bautista, nuestro Señor Jesucristo, el apóstol Pablo, los primeros cristianos. Todos ellos vivieron en medio de situaciones insatisfactorias. Moisés, cansado de la dureza del pueblo que dirigía, golpeo la roca fallando en su función como representante de Dios ante su pueblo. Elías, creyendo que todo había terminado, le dijo a Dios: "han matado a tus profetas y solo yo he quedado". Cuántas veces, el Señor declaro su tristeza por la dureza del corazón de la gente. "Jerusalén, Jerusalén que matas y apedreas a los profetas que te son enviados. Cuántas veces he querido juntaros como la gallina junta a sus polluelos", menciono en una oportunidad. En una de las tantas veces que sirvió a las multitudes, se dice que las vio "desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor". Pablo decía: "Y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?". Las situaciones que hemos sido llamados a transformar pueden convertirse en erosivos de nuestra pasión ministerial. Conozco varios amigos que ayer estuvieron en el ministerio, pero hoy no están debido a esto. ¿Cómo podemos enfrentar este problema?

La solución esta en el principio del Legado. En su etimología más antigua, este término denotaba un pacto entre Dios y sus seres creados. Desde el punto de vista bíblico, Dios creo al ser humano e hizo pacto con él. Le delego responsabilidades dentro de ese pacto. Las mismas estaban relacionadas con el ámbito de ese pacto, es decir la tierra. También, él asumió compromisos incondicionales con respecto al ser humano para apoyarlo en su desempeño. Aquel obraría lo posible y el Señor obraría lo imposible dentro de sus dominios. Este modelo "pactico" se ha mantenido hasta el día de hoy. Así que, en nuestro ministerio sigue habiendo una parte que nos toca a nosotros y otra que le toca a Dios. La nuestra esta hecha a nuestra medida. La de Dios a la medida de él. Por eso, el Señor Jesús dijo: "Lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios". Puedo decir, entonces, que lo que es posible para el hombre no debemos exigírselo a Dios, también puedo decir que lo que es posible solo para Dios, él no se lo exige al hombre.

Si estamos en el punto donde nos sentimos erosionados por la dificultad de nuestra tarea, es el momento para clasificar las operaciones que son necesarias en posibles e imposibles. Examinarnos a la luz de nuestra posición como delegados y entender lo que nos toca a nosotros y lo que le toca a nuestro delegador. El diagnóstico más probable es que nuestra depresión sea el resultado de arrogarnos para nosotros las imposibilidades que le corresponden a Dios. Por eso lo vemos tan difícil. Creemos que no tenemos la capacidad para solucionar con efectividad ese problema y nos sentimos desilusionados, frustrados, tristes y resentidos. Es el momento de detenernos para reevaluar nuestra practica y replegarnos al terreno de lo posible. No comas del fruto del árbol prohibido, que te tienta haciéndote creer que tu puedes ser igual a Dios y por ende, encargarte de lo imposible. Si lo comes, terminarás arruinando tu ministerio y tu futuro.

Es el momento de revisar lo que dijo el Señor Jesucristo: "Llevad mi yugo sobre vosotros, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga", "Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos". Estas declaraciones nos demandan el examinarnos, para ver si en nuestro legado, estamos trabajando "enyugados" o "enramados" con Dios, o estamos queriendo ser Dios. Una especie de cuarta persona divina para cambiar la trinidad en tetranidad. Si estas "enyugado con Cristo, entonces, el ministerio debe ser fácil y ligero. Si estas "enramado" con él, entonces, el ministerio debe estar podado, nutrido y dando mucho fruto.

Cuando comprendemos esta verdad de nuestra vida ministerial, podemos decir como el apóstol Pablo: "¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor?... porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios... téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios." No es cierto. Estábamos equivocados. Lo imposible de mi tarea ministerial no es para mi. Es para Dios. No pensemos de nosotros más de lo que debemos. Volvamos a la cordura. Solo somos colaboradores de Dios. Nos toca la parte fácil y ligera del ministerio. A él le toca la parte difícil y fatigosa.

Volvamos a mirar nuestra tarea. Lo que vemos muy difícil e imposible apartemoslo para Dios.  No tenemos que pedirle que lo haga. Ya lo esta haciendo. Él esta trabajando en eso. Repleguémonos a lo que si es posible para nosotros. No hemos perdido. Solo nos hemos retrasado. Esas familias si pueden restaurarse, las iglesias pueden renovarse, los hijos pueden regenerarse, los líderes pueden desarrollarse, los pecadores pueden salvarse. Somos subordinados, no subordinantes. Somos ciudadanos, no Rey. Somos bueyes, no boyeros. Somos ramas, no tallo. Acepta el yugo, recibe la savia. Relajémonos y disfrutemos de esta nueva jornada con Dios.

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Hazlo para edificación tuya y de todos aquellos a quienes conozcas que estén pasando por algo similar. Dios te bendiga

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