Un pequeño bambú, resignado de la vida, hablaba con otro viejo Bambú. A este, todos lo conocían como Bambú Anciano. "Señor, he decidido rendirme. Abandono todo sueño de llegar a ser tan alto como ustedes. Ya no quiero esperar más." Al escuchar las palabras de tan imberbe criatura, aquel anciano le preguntó: "Hijo, ¿por qué te rindes tan temprano? -- ¿Me proveería usted de una buena causa por la cual seguir viviendo?", dijo el pequeño bambú. "Llevo dos años esperando alcanzar mi altura y no ha ocurrido nada. Desde que nací como un brote, me sembraron. Creí que en pocos meses alcanzaría mi altura inicial y que podría seguir creciendo tan alto como pudiera. Pero eso no ha ocurrido. Solo he sentido frecuentemente un cosquilleo molestoso bajo mis píes. Es como si me salieran vellos muy gruesos en ellos y estos buscarán extenderse hacia las profundidades de mi base. En fin, hacia arriba no ocurre nada. No se si es que la brújula de mi crecimiento se dañó y en vez de crecer hacia arriba, crezco hacia abajo. Ya no importa. Estoy frustrado y no quiero continuar con esto." Al ver cuán desilusionado se encontraba el jovencito, Bambú Anciano, intento ayudarlo a recuperar la confianza para continuar su camino de crecimiento. "Hijo" -- le dijo -- "Quiero contarte una historia que de seguro te ayudará. Escúchame con detenimiento. Bueno" dijo el muchacho, "supongo que no perderé nada escuchándolo."
Como si fuera un narrador de cuentos, el anciano inició su relato. "Hace mucho tiempo, nació un Bambú en nuestra comunidad. Sus padres se sintieron tan orgullosos de haberlo traído al mundo. Inmediatamente le prodigaron los mejores cuidados y lo acurrucaron en su seno. Todo iba bien hasta que aquel tierno bambusito, comenzó a tener conciencia de lo que le rodeaba. Al lado de su casa vivía una familia sencilla, pero muy simpática y llena de frescura. Todos la conocían como los Helechos. Uno de sus hijos, Helecho Verde, nació el mismo día que Bambú Tierno. Así llamaron sus padres a aquellos hermosos pequeños. La vida transcurrió en aquella hermosa selva, pero algo iba a cambiar drasticamente el rumbo de los acontecimientos." El rostro de aquel mancebo revelaba gran interés. Sus ojos verdosos, se hallaban fijos en aquel sabio anciano. "¿Qué ocurrió, buen sabio? ¿Qué fue lo que paso?" Bambú Anciano, prosiguió. "Helecho Nuevo, comenzó a crecer. Su verde cuerpo, comenzó a extenderse. Los vecinos de aquella sencilla familia, escuchaban los comentarios de sus orgullosos padres. Contaban acerca de sus vivencias con aquel pequeñuelo. Cómo desenrollaba sus hojas, cómo procesaba el agua en fin, las peripecias propias de todo progenitor cuando cría a sus hijos. Pero en la casa de los Bambú, todo era distinto. Los padres seguían cuidando a su bebe. Pero este no crecía, ni siquiera en proporción media al pequeño helecho. Aquellos bambú progenitores, sabían que la crianza de su hijo requería paciencia. Así que guardaban su euforia para el momento oportuno. Pero Bambú Tierno, no pensaba igual que ellos. "Hoy ha pasado otro día. Mi amigo sigue creciendo. Pero yo no crezco ni un milímetro. Que pasa no puedo soportar esto. ¡Que rabia!" Así fue el resentimiento anidándose en su corazón. Poco a poco se fue alejando de su vecino, de quien llego a sentir envidia. Regularmente, Bambú Tierno, comenzó a quejarse de sus padres. "Ustedes no me quieren. No me están cuidando bien. Seguro que los padres de Helecho Verde, le están dando mejores cosas que las que ustedes me dan a mí. No los quiero. Ustedes no tienen capacidad para cuidarme. Porque tuve que nacer aquí. Hubiese querido nacer en casa de los Helecho." Con estas palabras, quebrantaba sus corazones. Un día, su padre se le acerco para intentar un cambio en su parecer. "Hijo -- dijo aquel adolorido padre --. Se que te sientes mal por no crecer como tu amigo Helecho Verde. Pero quiero que sepas, que tu eres diferente. Tu crecimiento tarda más en aparecer, porque necesitas primero prepararte para recibirlo. Pero te aseguro, que cuando llegue ese día, todo cambiará y lo que hoy ves tan lejano, te dará una gran satisfacción. Cuando tu mamá y yo te sembramos, lo hicimos con mucho amor. Te deseamos, sabes. No fuiste un accidente. Te colocamos en una tierra ajustada a tus necesidades, donde pudieras recibir la luz adecuada, el agua en su justa medida. Es lo mismo que los padres de Helecho Verde, hicieron. Pero nuestros caminos de crecimiento son distintos. Mi lección para ti es que debes tener paciencia. Con ella, alcanzarás a ver lo que un día el creador te dará como su mejor regalo: Tu crecimiento." Bambú tierno, dio un gran suspiro, encogió los hombros, abrazo a su padre y camino hacia su cuarto en silencio, meditando en aquello que había oído. Aquel buen hombre, solo le miró con sus ojos esperanzados. Creía que sus palabras finalmente ayudarían a su hijo.
Como si fuera un narrador de cuentos, el anciano inició su relato. "Hace mucho tiempo, nació un Bambú en nuestra comunidad. Sus padres se sintieron tan orgullosos de haberlo traído al mundo. Inmediatamente le prodigaron los mejores cuidados y lo acurrucaron en su seno. Todo iba bien hasta que aquel tierno bambusito, comenzó a tener conciencia de lo que le rodeaba. Al lado de su casa vivía una familia sencilla, pero muy simpática y llena de frescura. Todos la conocían como los Helechos. Uno de sus hijos, Helecho Verde, nació el mismo día que Bambú Tierno. Así llamaron sus padres a aquellos hermosos pequeños. La vida transcurrió en aquella hermosa selva, pero algo iba a cambiar drasticamente el rumbo de los acontecimientos." El rostro de aquel mancebo revelaba gran interés. Sus ojos verdosos, se hallaban fijos en aquel sabio anciano. "¿Qué ocurrió, buen sabio? ¿Qué fue lo que paso?" Bambú Anciano, prosiguió. "Helecho Nuevo, comenzó a crecer. Su verde cuerpo, comenzó a extenderse. Los vecinos de aquella sencilla familia, escuchaban los comentarios de sus orgullosos padres. Contaban acerca de sus vivencias con aquel pequeñuelo. Cómo desenrollaba sus hojas, cómo procesaba el agua en fin, las peripecias propias de todo progenitor cuando cría a sus hijos. Pero en la casa de los Bambú, todo era distinto. Los padres seguían cuidando a su bebe. Pero este no crecía, ni siquiera en proporción media al pequeño helecho. Aquellos bambú progenitores, sabían que la crianza de su hijo requería paciencia. Así que guardaban su euforia para el momento oportuno. Pero Bambú Tierno, no pensaba igual que ellos. "Hoy ha pasado otro día. Mi amigo sigue creciendo. Pero yo no crezco ni un milímetro. Que pasa no puedo soportar esto. ¡Que rabia!" Así fue el resentimiento anidándose en su corazón. Poco a poco se fue alejando de su vecino, de quien llego a sentir envidia. Regularmente, Bambú Tierno, comenzó a quejarse de sus padres. "Ustedes no me quieren. No me están cuidando bien. Seguro que los padres de Helecho Verde, le están dando mejores cosas que las que ustedes me dan a mí. No los quiero. Ustedes no tienen capacidad para cuidarme. Porque tuve que nacer aquí. Hubiese querido nacer en casa de los Helecho." Con estas palabras, quebrantaba sus corazones. Un día, su padre se le acerco para intentar un cambio en su parecer. "Hijo -- dijo aquel adolorido padre --. Se que te sientes mal por no crecer como tu amigo Helecho Verde. Pero quiero que sepas, que tu eres diferente. Tu crecimiento tarda más en aparecer, porque necesitas primero prepararte para recibirlo. Pero te aseguro, que cuando llegue ese día, todo cambiará y lo que hoy ves tan lejano, te dará una gran satisfacción. Cuando tu mamá y yo te sembramos, lo hicimos con mucho amor. Te deseamos, sabes. No fuiste un accidente. Te colocamos en una tierra ajustada a tus necesidades, donde pudieras recibir la luz adecuada, el agua en su justa medida. Es lo mismo que los padres de Helecho Verde, hicieron. Pero nuestros caminos de crecimiento son distintos. Mi lección para ti es que debes tener paciencia. Con ella, alcanzarás a ver lo que un día el creador te dará como su mejor regalo: Tu crecimiento." Bambú tierno, dio un gran suspiro, encogió los hombros, abrazo a su padre y camino hacia su cuarto en silencio, meditando en aquello que había oído. Aquel buen hombre, solo le miró con sus ojos esperanzados. Creía que sus palabras finalmente ayudarían a su hijo.
Los días transcurrieron después de aquella conversación. Se cumplió un año y entraron en el segundo. Helecho Nuevo ya había incluso cambiado sus secas hojas por otras. Pero Bambú Tierno, solo veía como en la planta de su pie, seguían saliendo raíces que se enterraban. En la superficie no estaba pasando nada. Sus padres, cariñosamente, con mucho cuidado y dedicación, seguían proveyendole cuidado. Llego el final del segundo año. Sus padres organizaron una fiesta de despedida del año. Fue muy agradable. "Quiero decirle a todos, -- dijo esta vez su madre -- cuan felices somos desde que brotó nuestro hijo. Él ha cambiado para bien nuestras vidas. Lo amamos con todo nuestro corazón y esperamos el día de su tan anhelado crecimiento." Esto hizo que Bambú Tierno alegrará su semblante y mirará el futuro con mayor esperanza. Se iniciaba el tercer año y quizás en este, si podría disfrutar su tan anhelado regalo.
A mediados del tercer año, Helecho Verde, había crecido más brillante y abundante. Inclusive, a estas alturas, ya tenía su propia familia. ¡Sí! Había procreado otros pequeños helechos. Pero Bambú Tierno, seguía igual. No crecía en lo absoluto. Pero él estaba lleno de esperanza. Con el animo que le daban sus padres y la confianza en su creador, aquel joven comenzó a crecer donde más le era necesario, en su fe. Las raíces seguían extendiéndose. Poco a poco iba sintiendo una fuerza interna. Algo estaba cambiando que aunque ni él ni los otros podían ver, si podía sentirlo. No sabia explicarlo pero, se sentía más maduro, capaz de soportar el peso de su crecimiento, de extenderse hacia nuevas alturas desafiando a la gravedad, los vientos y la lluvia. Así paso el cuarto año y nada. Pero cuando llego al quinto, sucedió un hecho que transformaría las cosas para siempre.
Poco después de haber iniciado el quinto año, se observó que en Bambú Tierno, había salido un pequeño brote hacia la superficie. Comparado con la altura y desarrollo de Helecho Verde, se veía diminuto y muy poco atractivo como para considerarlo significativo. Pero al cabo de seis meses, Bambú Tierno había llegado a la altura de treinta metros. ¡Que alegría! El momento había llegado. El regalo de Dios se había destapado. Allí estaba Bambú, todavía tierno pero vigoroso y creciendo. La familia, organizó una fiesta para celebrar tan notable acontecimiento. Vinieron invitados de todos los lugares, inclusive allí estuvieron los Helechos, con su hijo Helecho Verde, quien ya tenía su propia familia. En un punto de la reunión, Bambú Tierno tomo la palabra y dijo: "Estoy muy agradecido de mis padres por este momento. Sin su ayuda, nunca hubiera llegado hasta aquí. Debo reconocer que en mis primeros años fui muy impaciente. Quise obtener resultados rápidos. Quería alcanzar la madurez instantáneamente. Me quejaba de que no crecía como mi amigo. Hasta sentí envidia de su crecimiento y me aleje de él. Es el momento de pedirte perdón, mi buen amigo." Helecho se acerco a su amigo, le prodigo un fuerte abrazo y le dijo: "Yo te perdono, amigo. Ahora las cosas serán mejor que antes." Después de aquel abrazo, Bambú Tierno, quiso dirigirse a los más jóvenes, presentes en su fiesta. "Amigos míos, quiero darles un consejo. No renuncien tan rápido al camino de su crecimiento. No se comparen con nadie. Ustedes son diferentes, pero igual de útiles para el desarrollo sustentable de esta comunidad. Yo pase gran parte de mi camino frustrado. No me daba cuenta que si estaba creciendo, pero no hacia donde yo quería sino hacia donde lo necesitaba: Hacia abajo. Me pase cinco años echando raíces, creciendo hacia abajo. Porque si no crecía hacia abajo, no hubiera podido crecer hacia arriba ni un milímetro. Las raíces que yo menospreciaba mientras crecían, me hacían cada vez más fuerte. Ellas me dieron lo que yo más requería para mi futuro crecimiento.
Por eso, quiero que tengan fe en lo que Dios ha preparado para ustedes. Nunca se rindan. Aunque vean que nada sale a la superficie, continúen creyendo. Tengan paciencia. Recuerden, sí están creciendo, pero hacia abajo. Cada centímetro que crezcan hacia abajo, profetizará el centímetro que crecerán hacia arriba. Su principal lucha será contra la impaciencia. Esperen, esperen y verán, al igual que yo, el regalo del crecimiento. En él, saborearán las alturas. Sentirán la libertad de surcar el espacio y romper el viento. Después de haberla mirado desde abajo, aprenderán a mirar la vida desde la cima. Aprenderán, entonces, el valor de la humildad y no se les subirá el crecimiento a la cabeza. Sigan el camino de la paciencia y lo lograrán. Gracias por venir." Con estas ultimas palabras, Bambú Anciano, terminó de relatar la historia a aquel pequeño bambú."¿Aprendiste la lección?" Le pregunto. "Si, Señor. He aprendido la lección. A partir de ahora, ya no me quejaré más y viviré con paciencia estos cinco años de crecimiento interno, para llegar a ver mi crecimiento externo. Gracias, por su sabias palabras. Como me han ayudado... Señor, me gustaría saber si Bambú Tierno, todavía vive. Me gustaría conocerlo." Sorprendido por aquella petición, Bambú anciano se vio en la necesidad de revelar aquel secreto. "Eres muy curioso, muchacho. Pero esta bien. Aquel Bambú Anciano, soy yo. Te he contado la experiencia que salvo mi vida." Queriendo afianzar la lección dada, Bambú Anciano le dijo: "Hay algo más que quiero decirte. Hacen miles de años, vino a esta tierra un ser que se convirtió en ejemplo de paciencia. Siendo el Hijo de Dios, tuvo que tomar nuestra forma de vida. Se hizo como nosotros y paso por un largo proceso de crecimiento, mucho más largo que el nuestro. Él esperó treinta años en el anonimato, para desarrollar un corto ministerio de solo tres años. Eso si que es paciencia y tener conciencia clara de nuestro propósito. Él hizo todo eso para salvarnos y hoy nos llama a recibirlo como nuestro Señor. Recibelo, jovencito, y el te acompañará el resto de tu camino. No te desilusionarás." Reflexivo, aquel pequeño respondió: "No puedo rechazar ese llamado. Aun me espera un largo camino y deseo andarlo de la mano con él. Si, Señor, yo lo recibo. Su amor me ha ayudado a entender que si soy bambú no debo pensar ya más como helecho."
Wao, Naguara Pastor cada día se la come más con sus reflexiones, hasta me hizo llorar tan temprano. son casi las 7,DIOS le siga aumentando su sabiduría, así me he sentido estos días, de querer dejar todo atrás, mis sueños, lo que me apasiona hacer, entre otras cosas,pera zas llego usted con esta linda reflexión, gracias por sus enseñanzas. se le quiere, saludos a mi pastora Doris.........
ResponderEliminarDios te bendiga, Wendy. Me alegra que el Señor te haya animado por medio de este artículo. Oro que así sea para muchos
ResponderEliminarLEAN ESTO ES IMPORTANTE: Los que desean publicar un comentario debajo de este o cualquier artículo de mi blog, deben abrir una cuenta en gmail de google. Solo tienen que entrar a google, en la parte de arriba verán varios enlaces entre los cuales estarán "imagenes", "libros" y "gmail". Denle click al de "gmail", luego en abrir cuenta o registrarse y asi comenzará el proceso de obtener un correo en gmail. Cuando hayan terminado, regresen a este block, escriban su comentario, denle publicar y listo. Serán bienvenidos sus comentarios ya sean como testimonio, aportaciones y reflexiones sobre el artículo. Gracias y bienvenidos
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